Intentos

Puedo intentar olvidar dónde voy,
dejar de lado las hojas que han caído sobre mis pies,
y no ser
y no aparentar
todo lo que ya perdimos,
los suspiros que mecen mi pelo,
las espinas que entorpecen tus dedos.

Puedo mejorar estos días,
creer que si aún resisto
es por que todavía amanece.
Y la noche existe
y el dolor…
Que cuando duele, me siento viva.

Trago amarga saliva,
con el sabor de ese café al que te aferrabas.
Febril como yo,
humeante como fuiste tú.
Escurridizo entre mis manos.

Estamos solos,
tan completos como este invierno lo permita.

Invitados a dejarlo todo por nada.

Aceptando cualquier corazón acelerado,
temblando,
desgraciados,
pidiendo a gritos un instante más.

We could be heroes

¿En qué momento decides que es mejor no volver a verse?

¿Cuántas cosas has tenido que sopesar para dejar que el viento os roce por calles lejanas que jamás volverán a confluir?
¿En qué momento el infierno se hace frío y ya da igual?
Abrazas el lado izquierdo vacío de la cama y duermes.
Y dejas morir esa planta favorita dentro de su maceta. No la vuelves a regar, ya no esperas que florezca; nadie la vuelve a tocar.
También hay museos para lo que un día fueron certezas.
Los huecos vacíos son sitios de paso, donde todo cae por su propio peso, o simplemente se va.
Y tu sonrisa espera disfrazada a que alguien le quite el disfraz.
O no.
Que se jodan las esperas, piensas.
Ahora conjugamos otros tiempos.

Perdóname

Perdóname,
porque no he dejado de huir.
He vagado tantos meses enterrando lo que siento,
he cambiado los sueños que tenía contigo, por otros que en realidad no quiero.
Perdón por apartarte, así de golpe,
por cambiar todos los planes,
por dejarte aunque ya no me quisieras, y cuidarme.
Te escribo, aunque jamás lo reconocería.
Y te siento cuando piso calles vacías,
y espero que tal vez, al doblar esa esquina…
Perdóname por no ceder,
por ser tan fría,
por elegir quererte siempre, sin que tú lo sepas
y sin que yo te lo diga.
La nieve me abrasa por dentro.
Domingos, abriles, inviernos.
Y ese concierto…
Perdóname.
Porque yo todavía no puedo.

Girasoles

astronauta

Desperté en un planeta sembrado de girasoles.

Las últimas horas que me restaron de oxígeno las pasé deshojando pétalos, que en innumerables ocasiones reafirmaron que ella me seguía queriendo.

Mi muerte fue relativamente feliz.

Cuando vuelvas a verme

Cuando vuelvas a verme, no seré yo. Seré otra boca, de saliva extraña, de besos perdidos, seré otra cosa.
Es posible que hasta tenga una canción, un libro, otro perro.
No seré yo cuando, tal vez, vuelvas a buscarme. En mi calle alguien se perderá, ¿a quién buscas?. Silencio. Rabia. Vergüenza.
Desandarás nuevamente los pasos de años atrás. Y tocarás, como un día toqué yo, las paredes que sostuvieron nuestras espaldas.
Nada nuevo, todo extraño.

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¡Vuelve!…si quieres, claro.

Te prometo que esta es la primera y última carta de amor que recibirás de mis manos. No la tires antes de leerla porque no voy a insistir.

He cambiado, Jairo.

Ya no soy esa chica celosa y posesiva que pretendía a toda costa que estuvieras a mi lado. Ahora entiendo que el espacio para nosotros no era tan simple como vaciar cajones y la confianza existe si no te metes donde no te aman. ¿Tú lo haces todavía?

Te pido que vuelvas, sin presiones. No me verás otra vez en tu portal, no temas otro berrinche. Ya sabes que siempre fui la oveja dramática de mi familia, pero esta vez asumiré la espera, el tiempo que necesites. Entiendo que dejar a esa chica con la que sales ahora no será un asunto que se pueda gestionar en pocas horas. Tómate el fin de semana, con tranquilidad.

Por cierto, ¿recuerdas aquel curso de pintura?, lo terminé ayer. Ha sido una terapia increíble para templar estos nervios que ya conoces, aunque he pintado tantos cuadros que podría llenar el prado. Sí, el que se escribe en minúscula.

He decidido hacerte caso respecto a Bruno, el pez. Tenías razón cuando me decías que, después de todo, había más peces en el mar y mares, y yo aquí, erre que erre con esa pecera diminuta; y él, tan solo, tan pez y cristal. Pero el mar me parece excesivo, Jairo, he visto en una tienda peceras enormes, tampoco vamos a exagerar.

Ahora me ha dado también por escribir, pero escribir de verdad, como esta carta; papel y tinta, nada de luces, baterías y botones. ¿Viste lo del doble check azul del whatsapp?, me hubieran hecho polvo contigo. De todas formas no lo he podido volver a instalar desde el día que estrellé el teléfono contra tu coche; seguro que lo recuerdas. Solo espero que no me guardes rencor, Jairo. He cambiado.

Quién me iba a decir a mí que la vida era otra cosa.

Aquí todo está preparado para cuando vengas, sobre todo yo. No más agobios, no más celos, no más inseguridades, se acabó esa obsesión enfermiza de querer atarte a mis pies.

Jairo, vuelve.

He cambiado, he madurado por ti.  Los ciento treinta y siete mensajes que no recibiste el mes pasado, eran míos.

Te quiero.

Juana.