Cuando el olvido naufraga

Llegué sin nada. Herida, cansada.
Queriendo alejarte.

A tus mares embravecidos me precipito,
sobre mi cuerpo, velero frágil.
A mis errores me repito.

Soñé que el aire del mar podría limpiar esta piel.
La sal, rascar un poco más,
hasta los huesos,
hasta la sangre que bombea mi corazón,
pero le hace vivir a él.

Llegué a sentir alguna vez,
la tibieza de amores caducos,
naufragios que duelen…
Inocentes amores heridos,
que buscando olvido en el mar,
encuentran fantasmas conocidos,
sal en las heridas,
soledades llenas de humedad.

Me di cuenta que cuando sucedes,
no valen errores cometidos,
no valen lágrimas, ni siquiera tú.
No encuentro forma en la que aprenda,
que la inmensidad del océano no está hecha para olvidar.
Y que cuando el horizonte es infinito
es para que mi piel sienta,
que todo eso más que al olvido, se acerca a mi concepto de amar.

Que no te puedes beber los mares
y ahogarte de pena en ellos.

Marco otra vez mis pasos, sabiendo no encontrarte más,
desde que naufrago en los mismos lugares,
osando desafiar este olvido,
y olvidando, torpe, desde dónde hasta ti hice un día grandes caminos.

Y aquí me tienes varada,
sola, perdida, salada.
Pensándote.

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