Alguien se ha dejado olvidadas las culpas,
y han venido a acunarse en mis pestañas.
Por aquí ya no viene nadie.
¿Cómo se llamaba aquel hombre?
El que me atrapaba en la continuidad de sus dedos,
cuando en mis sueños siempre era de noche.
Desnuda y rota melodía de sus lunares.
Deja que las dudas me entierren,
porque el aire que respiro es incierto,
y mi boca, seca y callada,
sabe como a recordarle.
Si tan solo creyera en la sombra que reflejo,
de esa niña que un día fui,
despistada.
Y que se perdió muerta de miedo.
Si tal vez, cruzando la calle la encontrara,
como se encuentran torpemente los recuerdos;
que venga.
Que le hable de lo que enmudece su garganta.
niña
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